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"Bendito sea el Dios... de toda consolación, el cual nos consuela en

todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros

consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la

consolación con que nosotros somos consolados por Dios . "

(2 Corintios 1: 3-4)



Los seres humanos, personalmente atraviesan por crisis, los pueblos, las naciones y diferentes grupos sociales también se han enfrentado a ellas, y así las iglesias, no están exentas de las dificultades. Seguramente que como líder de jóvenes tu has pasado por momentos de crisis, relacionados con el grupo de jóvenes. Las crisis pueden ser de diversas índoles y surgen también como consecuencia a diversos motivos, lo importante es como asumimos y resolvemos atravesarlas y solucionarlas. Los chinos refieren a la palabra "crisis" con dos palabras más: "oportunidad" o "peligro". Así es que aquí tenemos una clave importante para sobreponernos a los tiempos difíciles.

1. No te culpes. Pongamos un ejemplo, después de tener un grupo de 25 jóvenes, empiezas a notar que la asistencia comienza a disminuir. Lo primero que piensas es que tú estás haciendo algo mal, que no estás lo suficientemente preparado o que las reuniones que tu planeas, no son del todo gratas o no atraen la atención de los jóvenes. Hay situaciones que no dependen del líder, los mismos jóvenes están lidiando con sus propias dudas e indecisiones y puede ser esa la razón por la que quieren estar un tiempo solos y eso puede pasar con más de uno de los miembros del grupo. Hay que estar consciente que la obra es de Dios y recordar que lo que como líderes hacemos Él lo reconoce, los frutos o propósitos que quiera cumplir dependen solamente de Él. Los corazones sólo pueden ser transformados por Dios.

2. Permite que Dios te sane. Uno a veces está tan preocupado en resolver las crisis, que no se da cuenta de los efectos que tuvo en nuestra propia vida y que muy posiblemente serán un obstáculo para hacerlo. Si te sientes lastimado, tal vez traicionado o desanimado, tienes que darte la oportunidad de que Dios te sane. Ora pidiéndole que te restaure, comparte tus sentimientos más profundos y si es posible busca apoyo en otros líderes o amigos. Si es necesario date algo de tiempo solicitando que alguien más se encargue de atender al grupo. El tiempo depende de lo que tú crees que necesites para sentirte nuevamente fortalecido y animado a continuar con el ministerio.

3. Evalúa. Es también importante evaluar los motivos que condujeron a despertar una crisis, con el propósito de reorientar nuestros planes y proyectos en lo futuro y también para restaurar lo que quedo dañado. Esto no quiere decir que siempre somos los responsables de que algo salió mal (para insistir que no debes culparte), pero Dios mismo nos ha dado sabiduría y nos permite ser sus instrumentos para llevar perdón, amor y fortalecer la fe de otros.

Las crisis pueden ser una oportunidad para sentir el amor de Dios, para ser transformados cada vez más a su imagen y para que puedas brindar consuelo a otros. Espero que estas reflexiones te sean de mucha ayuda y comparto contigo estas palabras del apóstol Pablo:

"Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo... quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren" 1ª de Corintios 1:3-4
"Bendito sea el Dios... de toda consolación, el cual nos consuela en

todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros

consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la

consolación con que nosotros somos consolados por Dios . "

(2 Corintios 1: 3-4)



QUEJAS DE DIOS "

Me llamas Señor, y no me obedeces.

Me llamas Luz, y no me ves.

Me llamas El Camino, y no me sigues.

Me llamas Vida, y no me deseas.

Me llamas Sabio, y no me escuchas.

Me llamas Bello, y no me amas.

Me llamas Rico, y no me pides nada.

Me llamas Eterno, y no me buscas.

Me llamas Bondadoso, y en mí no confías.

Me llamas Noble, y no me sirves.

Me llamas Dios, y no me temes.

Si te condenas no me culpes.

"Jesús dijo si me amáis guardad mis mandamientos." Juan 14:15